editorial
Un momento particular



POR LIC. DANIEL SOLDA
El autor es Vicepresidente de la Asociación de Importadores y Exportadores de la República Argentina, (AIERA) y Director del Instituto de Capacitación en Comercio Exterior de la entidad.  Economista y profesor universitario de las materias Economía y Marketing Internacional en la Universidad de Posadas, Misiones.

El próximo 28 de junio será testigo de un nuevo proceso para elegir representantes legislativos de todo el país. A pesar que nuestra democracia aún mantiene una serie de cuestiones de importancia a las que no ha sabido o podido dar respuesta, este sistema se ha impuesto como el modo más aceptado para canalizar y dirimir las cuestiones políticas en la sociedad. Y si bien merece una larga reflexión sobre por qué la población no participa más activamente en este proceso, es un hecho para valorar que resulta esperanzador.

Esta elección resulta interesante, más por lo que se juega que por lo que se debate y discute.

En un clima político que se fue complejizando desde el conflicto del Gobierno con los productores rurales a inicios del año pasado, y que se intensificó por la consolidación de la crisis mundial,  antes de la campaña electoral se había comenzado a discutir  temas de significativa trascendencia. Lamentablemente, la mayoría de los mismos no fueron tomados como bandera en la agenda de campaña, y la misma ha resultado bastante huérfana de contenidos. Se han impuesto más las cuestiones personales que las políticas e ideológicas. También el estilo de confrontar las ideas está lejos de ser el más apropiado para promover una positiva reflexión. Entre la posición del Gobierno que “no dice porque hace” y la de la mayor parte de la oposición que representa más de lo que verdaderamente plantea y que ha centrado sus discursos más en las críticas al estilo del gobierno que al modelo, los debates de campaña, que podrían haber sido ricos, han quedado postergados.

Algunos de los temas que no se han debatido son: el modelo de integración al mundo, la reforma impositiva y fiscal que implemente un sistema más justo de pago y distribución de impuestos y gravámenes. Cómo agregar más valor a la producción nacional para mejorar la calidad del empleo y el nivel de los salarios, cómo mejorar la distribución del ingreso y el nivel de educación, o medidas para impulsar la reducción de la pobreza y para brindar más protección a los sectores más vulnerables. De esto prácticamente no se habló.

A pesar de que no se ha hecho mención, cabe destacar que: Argentina no está aislada, que viaja en el tren de la historia junto a los demás países, y que el mundo se encuentra hoy en una profunda crisis económica e ideológica. La mayor parte de las ideas económicas dominantes que gobernaban el mundo hace menos de diez años se han destruido súbitamente y ha quedado un vacío que será ocupado. Y ese proceso es la consecuencia de una lucha de fuerzas, ideas e intereses.

Actualmente en el mundo, que por supuesto incluye a la Argentina, hay una irrevocable necesidad de defender el empleo y la producción. Ya no hay, casi, políticas universalmente aceptadas de no intervención económica como había antes de esta crisis. Las recientes elecciones europeas han demostrado que la población  ha castigado sin piedad a los partidos que no han sabido defender el nivel de vida y bienestar en cada sociedad. En nuestro país, la memoria de la crisis del 2001, todavía viva, obliga a probar y ensayar diferentes modos para  sostener el funcionamiento de las empresas en crisis, y el nivel de empleo. Y esa situación, que es transitoria y coyuntural, es costosa y se deben invertir recursos para sostenerla. A pesar de que hay algunas dudas de hasta qué punto se podrá sostener este nivel de intervención económica, las empresas nacionales deben reconocer que a nuestro país le ha ido mejor que a los países más importantes y que a muchos de nuestros vecinos.

También debería haberse hablado de que el país que quede sólo y aislado seguramente va a perder. Una de las pocas posibilidades que tiene un país en desarrollo para mejorar su situación es integrarse regionalmente para fortalecer su posición y su poder de negociación. Sudamérica, que cuenta con valiosísimos recursos y potencialidades para el futuro, se encuentra transitando un fuerte proceso de unificación e integración cultural, político e  histórico, como no sucedía desde hace mucho tiempo, tal vez desde la disolución de la época colonial. Para cada uno de los países que la integran y para la Argentina, no hay una mejor oportunidad que avanzar en esa dirección. Esa es la gran política hoy y en la que podemos influir.

Nuestro país, por el importante rol que cumple en el Continente, debe avanzar  en ese sentido. Y las empresas argentinas deberán tener clara esta posición, ya que es la cuestión estratégica que definirá su bienestar en el futuro, las posibilidades de ampliar sus mercados, su inserción internacional y su protección frente a la competencia desleal dependen de ello. La suma del todo es mayor que la de cada una de las partes. Y no se debería dudar sobre este tema. Es una lástima que no se haya hablado de ello en la campaña porque están sucediendo algunas cosas muy interesantes que no pasan todos los años.

Lic. Daniel Solda

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