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IICE - Novedades Económicas 02-07-01
  • La economía argentina parece encontrarse en una situación de impasse en la cual los mercados internos y externos no se deciden a dar su veredicto final acerca de si -dejando de lado los discursos- asignan una cuota de credibilidad al gobierno o rechazan el último conjunto de medidas que -por decirlo de alguna manera- les cuesta digerir, quizás debido a sus mínimos componentes heterodoxos.
    Justamente, el dato económico más sobresaliente de los últimos días ha sido la falta de reacción de "los mercados" -el riesgo país- a la hiperactividad, los berrinches y las soluciones imaginativas del Ministro Cavallo. Si bien no quisiéramos contribuir a que este indicador, elaborado de manera poco clara por el JPMorgan, se transforme en el centro de nuestra vida económica como alguna vez fue la cotización del dólar (¿Quizás ahora podría ser el factor de convergencia?) o la tasa de inflación, no puede negarse que muestra aunque sea aproximadamente, la evolución del costo de endeudamiento para empresas nacionales que tienen acceso al crédito internacional. Con los valores actuales está mostrando que ese acceso es bastante dificultoso y este factor desalienta cualquier intento de inversión, verdadero impulsor de la demanda agregada.
  • Por otro lado y volviendo al Ministro, esta situación ha desafiado sus nervios, finalizando en un nuevo estallido: en dos días pretendió echar a patadas a Guillermo Calvo del BID, y acusó a Roque Fernández, Carlos Rodríguez y demás economistas del CEMA de "traidores a la patria". Lejana parece la época (1989) en la que era Cavallo quien recorría foros externos recomendando no prestarle a la Argentina. Siempre ha habido apocalípticos, sobre todo en economía, pero sus discursos sólo son escuchados si tienen mínimos puntos de contacto con la realidad. Y que la deuda de Argentina es impagable es una realidad que año a año es más difícil disimular.
    Si la economía estuviera en crecimiento, la crisis terminal podría seguir dilatándose, con subas y bajas en el grado de conflictividad, pero la recesión pone en evidencia la fragilidad del modelo. Pese a todo, se sigue recomendando desde los sectores del poder económico -puestos bien de manifiesto en la última reunión de ABA- continuar y profundizar las políticas que nos trajeron a esta situación, con una excusa que se viene oyendo por lo menos desde 1980: que hay fallas en la implementación, o no se va bien a fondo con las reformas.
  • Mientras tanto, continuamos aguardando -y deseando- que la economía reaccione al megacanje, los planes de competitividad, el factor de convergencia y las pseudo rebajas impositivas (porque el resultado neto del paquete es un aumento de los ingresos fiscales). Esto todavía no ocurre y el tiempo disponible es escaso: a fin de año habrá que retomar la búsqueda de fondos para refinanciar deuda.
    Los indicadores no dan tregua: caídas en la producción industrial, ventas minoristas, récord de concursos y quiebras, una tasa de desocupación que podría estar por encima del 16 por ciento y la "buena noticia" de que la recaudación impositiva cayó "sólo" un cinco por ciento.
En este marco las provincias reclaman fondos que el Gobierno Nacional les adeuda como consecuencia del pacto fiscal del año pasado. Las presiones para conseguir esos fondos son al mismo tiempo una forma de transferir la responsabilidad política de la situación a la Nación a medida que se aproximan las próximas elecciones. A propósito de esta situación se ha escuchado decir en el Palacio de Hacienda que mucho del "ruido" que se escucha en los mercados obedece a factores políticos. Pero creemos que de los indicadores comentados en el párrafo anterior surge claramente que tales ruidos tienen causas ciertas en la economía real.
 
 
 
 
 
 
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