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IICE - Novedades Económicas 07-08-01
A poco más de una semana de vigencia, parece ser que tampoco era la fijación de la regla del Déficit cero como una Ley de la Nación lo que necesitaban los mercados para calmarse, puesto que no se ha reducido significativamente el riesgo país ni la fuga de depósitos del sistema financiero (y de reservas internacionales del país. Tardíamente, el gobierno reconoce y varios de sus miembros lo han manifestado de esa manera, que gran parte de este comportamiento de los mercados obedece a acciones especulativas de inversores particulares e institucionales -incluso han circulado algunos nombres-.
Así, repentinamente, en el discurso oficial, los mercados han dejado de ser un mecanismo impersonal y automático de regulación económica basado en condiciones objetivas, cuya lógica de funcionamiento siempre es fatal contrariar, para transformarse en el ámbito donde grupos con poder suficiente para hacerlo, manipulan cotizaciones de títulos y monedas en su propio beneficio con total independencia de las tendencias reales a mediano o largo plazo de las economías sustentadas en tales bonos y monedas, puesto que buscan realizar ganancias en el cortísimo plazo. Este cambio en el pensamiento oficial sería alentador si llevara a tomar acciones que tiendan a contrarrestar esta actividad especulativa perniciosa en lugar de pretender satisfacerla entregando todo aquello que se piense que pueda ser del agrado de la misma.
Otro dato sintomático, luego de la visita del subsecretario del Tesoro de Estados Unidos, James Taylor, es la absoluta, explícita y declarada dependencia de la Argentina. Hoy la suerte de la nación depende de una decisión del poder ejecutivo del aquel país: si se decide negar apoyo, la crisis final es inevitable, con una probable crisis financiera, fuga de divisas y devaluación o dolarización (o por qué no, una combinación de ambas). Si se invita al FMI a hacer un aporte significativo, la agonía puede prolongarse.
Otra lectura de la visita del funcionario mencionado podría llevar a tomar nota de cierta importancia dada por su gobierno a una situación que podría tener efectos de contagio sobre otras economías, situación que intentó minimizarse en un principio, al negarse que Argentina tuviera alguna capacidad de negociación en cuanto a planteos de renegociación del endeudamiento. También cabe preguntarse si el sistema puede permitirse que el país más aplicado en el seguimiento de los preceptos del Consenso de Washington caiga en una de las peores crisis de su historia.
Lo que parece claro, es que el plan de déficit cero en cierto modo ya fracasó: se planteaba que a partir de esta Ley no se necesitaba mayor financiamiento porque, aún a costa de la miseria de un sector de la población, viviríamos con lo nuestro. ¿Para qué estamos solicitando entonces este endeudamiento adicional de 5.000 millones de dólares?
La semana pasada se presentaron algunas cifras que pueden ser actualizadas: a esta altura las tasas de interés para empresas de primera línea alcanzaron en promedio el 36 por ciento anual en pesos y el 19,4 por ciento en dólares. La pérdida de depósitos del sistema asciende a casi 8.900 millones de pesos en lo que va del año y la caída de las reservas internacionales llegaría al 30 por ciento. La recaudación fiscal en julio cayó 8,7 por ciento. De no haber una mejora en este sentido durante el mes de agosto, donde se aplicará en pleno el nuevo ajuste, estaríamos ante otra manifestación del fracaso del plan.