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IICE
- Novedades Económicas - 14-08-01
Aunque
aún no se tienen datos oficiales, hacia el fin de la semana pasada se
habría detenido -al menos por el momento- la pérdida de Reservas por
parte del Banco Central. Este fenómeno se atribuye a las nuevas negociaciones
iniciadas con el FMI por parte del equipo económico con el objeto de
obtener un crédito contingente -que será utilizado sólo en caso de ser
necesario- de alrededor de ocho o diez mil millones de dólares. Este
crédito estaría destinado a sostener la convertibilidad (diez mil millones
de dólares son las reservas perdidas en lo que va del año) y también
podrían utilizarse para algún mecanismo de recompra de títulos. Sin
embargo, al momento de escribir este informe las negociaciones continúan
y más allá de que parece haber señales positivas, la situación es de
externa precariedad: si se interpreta que las negociaciones se demoran
demasiado, o su resultado es decepcionante en cuanto al monto obtenido
(según la visión de los mentados mercados) podría comenzar una nueva
corrida especulativa contra la Argentina.
Es
decir, el sofocón no ha pasado y aún cuando pase, como ya se ha dicho
reiteradamente en esta página, el problema de fondo no está solucionado
ni mucho menos: la demanda agregada y con ella los ingresos fiscales
seguirán cayendo, obligando a mayores ajustes durante el último trimestre
(la Fundación Capital habla de un 20 por ciento de recorte en lugar
del 13).
En
medio de esta situación el Ministro Cavallo, fiel a su estilo, ha tratado
de retomar la iniciativa elaborando un mecanismo que contribuya a generar
demanda de los títulos de deuda pública argentina que fueron atacados
con dureza por la corriente especulativa que dio por descontado el default.
De
eso se trata la nueva posibilidad de abonar deudas impositivas vencidas
al 30 de junio pasado con los títulos mencionados. Al aceptarlos el
Estado como pago de tributos nacionales, aduaneros y de seguridad social
a su valor nominal, permitirá pagar una deuda de $10.000, con $ 7.000
o menos aún. La posibilidad de realizar este premio debería generar
una demanda que permita detener la caída de las cotizaciones. Desde
ya que estamos en este caso frente a una nueva moratoria donde hay un
premio para quienes han incurrido en incumplimientos que ahora saldarán
a un valor inferior, pero esto no puede sorprendernos ya que en esta
"economía de guerra" la equidad ha sido una de las primeras
bajas.
Por
otro lado y previendo este costado crítico de la medida, se ha previsto
simultáneamente un mecanismo para quienes están al día: el Certificado
de Crédito Fiscal. Este mecanismo consiste en que quienes compren títulos
de deuda y los depositen en la Caja de Valores recibirán un certificado
por cada pago de intereses o cupones correspondientes a tales títulos.
Estos certificados podrán utilizarse para cancelar todos los impuestos,
salvo la seguridad social y el impuesto al cheque. Quienes adquieran
estos títulos a los valores actuales obtendrían un beneficio importante
que bajará en la medida en que la demanda haga que las cotizaciones
repunten (el rendimiento de un título es inversamente proporcional a
su precio). En cuanto a las Letras de Tesorería a emitirse, tendrán
poder cancelatorio al vencimiento por su valor total y no sólo por los
intereses.
Más
allá de consideraciones éticas o de técnica tributaria, la medida -que
todavía debe reglamentarse- apunta a sostener la situación mientras
se negocia con el Fondo, que hoy más que nunca es dueño de nuestro destino.
Pasando
al ámbito específico del comercio exterior, llamó la atención un comentario
aparecido en un matutino platense en el sentido de que Economía estaría
pensando en dejar sin efecto la convertibilidad ampliada en función
de que se responsabilizaría a este mecanismo de haber iniciado la crisis
de confianza al instalar la idea de que Argentina podría estar buscando
devaluar su moneda. Lo cierto es que hoy el Factor de Convergencia,
que pretendía simular las condiciones de la convertibilidad ampliada
antes de que el euro se equiparara con el dólar, está perjudicando a
las exportaciones dirigidas fuera del Mercosur y Europa. Debe recordarse
que simultáneamente con la puesta en vigencia de este Factor, se redujeron
los reintegros a las exportaciones en siete puntos porcentuales, de
modo que el efecto era más o menos neutro. Pero en la medida en que
el euro ha aumentado su valor en dólares el FC se ha reducido y en definitiva
los ingresos del exportador han caído con respecto a la situación previa.
Podría decirse que ese efecto se ve compensado por la ganancia de competitividad
que significa que el euro se aprecie contra el dólar y por consiguiente,
contra el peso. Pero esa ventaja es percibida únicamente por quienes
venden al área del euro o compiten en otras áreas del mundo con proveedores
europeos. Si finalmente el euro se equiparara con el dólar el reintegro
máximo quedaría en cinco por ciento y las ventajas para vender en el
Mercosur habrían desaparecido (y cabe preguntarse si desaparecerán las
medidas aplicadas por los otros países como respuesta a la instauración
del FC).