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IICE - Novedades Económicas 21-08-01
Las negociaciones con el FMI se han prolongado más de lo esperado inicialmente, desatando toda clase de rumores acerca de las dificultades que estarían trabando el acuerdo, o de cuáles serían las nuevas exigencias del organismo internacional. Creemos que de lo que se trata es que a esta altura se ha entendido perfectamente que el problema no pasa por un monto de ayuda sino por un modelo que no puede seguir funcionando en estas condiciones. Y lógicamente es muy difícil buscar una solución dentro del modelo, que sea aceptable políticamente y soportable para el deudor. En algún momento del debate parlamentario sobre el "déficit cero" se manifestó que luego vendrían (los acreedores) por la ANSeS, las obras sociales y el Banco Nación. El momento puede haber llegado antes de lo que el más pesimista pensaba.
A esta altura no llama la atención hablar de reestructuración de deuda, lo que hasta hace poco parecía una herejía. Es que la realidad es un argumento muy difícil de rebatir; y es una realidad que entre 2002 y 2005 los pagos por intereses alcanzan a casi 60 mil millones de dólares. Teniendo esto en cuenta, proponer el envío de fondos para apuntalar la fuga de depósitos y esperar que el déficit cero genere un círculo virtuoso de crecimiento que genere semejantes recursos es un absurdo.
Mientras tanto, la fuga de depósitos del sistema financiero, que se había detenido al conocerse la negociación con el FMI, se reanudó ante la incertidumbre que significa su prolongación en el tiempo. Esta fuga de depósitos tiene un correlato de caída de reservas internacionales, en la medida en que una proporción de estos depósitos se dirigen a plazas más seguras. Cabe preguntarse si no habrá llegado la hora de imponer algún tipo de restricción a la transferencia de divisas al exterior, habida cuenta de que una medida de este tipo no tendría -en esta situación- el efecto adverso que se le podría achacar en otro momento: de cualquier modo no es de esperar por un tiempo la afluencia de capitales, por lo que una medida que "los asuste" no tiene mayor significación por ese lado y en cambio podría contribuir a que por lo menos las divisas queden en el país o su transferencia signifique algún aporte extra al déficit cero.
Las declaraciones del Secretario del Tesoro de Estados Unidos merecen un comentario aparte. Más allá de que las mismas son falaces y malintencionadas, lo que sorprende es que no merezcan ningún comentario, queja ni reclamación a nivel diplomático por parte de las autoridades nacionales. La obsecuencia debiera tener un límite. Sobre todo cuando, como política, ha demostrado sobradamente su absoluta inutilidad. Mientras tanto, habrá que seguir esperando. El futuro se decide en Washington.
Brasil, por su parte, ha acusado el golpe de su crisis energética y del empeoramiento de las condiciones para todos los países "emergentes" y lo ha demostrado con una caída de su PBI en el segundo trimestre del año, que alcanza a uno por ciento. Esta caída es más fuerte de lo que se esperaba originalmente y como tiene un correlato de menor recaudación fiscal, abre dudas sobre las posibilidades para cumplir con las metas pautadas con el FMI. Así, a despecho de quienes piensan que la crisis de nuestro país puede ser aislada, la misma podría contagiar a Brasil y retroalimentarse a través de la menor demanda de nuestro principal cliente.
Otro dato importante de la economía internacional es la posibilidad de que la Reserva Federal de Estados Unidos decida reducir la tasa de interés un 0,25 adicional, con lo que llegaría a 3,5 por ciento anual. Esta modificación en las tasas podría llevar a un debilitamiento del dólar frente a otras monedas. Durante su estadía en Buenos Aires, Paul Krugman no habló acerca del peso pero sí se refirió al dólar, expresando que espera que la divisa se deprecie a fin de promover la competitividad de la economía norteamericana. Hasta hace dos meses, una depreciación del dólar hubiera significado que también nuestra producción ganaba competitividad internacional pero, factor de convergencia mediante, está significando lo contrario: a medida que el euro se aprecia frente al dólar el FC que recibe el exportador disminuye. Como ya se ha mencionado anteriormente, si dólar y euro llegaran a equipararse y esto implicara en nuestro país la vigencia de la convertibilidad ampliada, la revaluación del euro significaría para nuestra producción ganar competitividad sólo por el equivalente a la mitad de dicha revaluación. Claro que teniendo en cuenta la situación actual, alguien podría decir que no vale la pena preocuparse por un esquema cambiario que arrancaría a partir de una paridad de 1 euro = 1 dólar = 1peso.