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IICE - Novedades Económicas 18-09-01
Hace una semana, una trágica y lamentable realidad se encargó de echar por tierra casi cualquier previsión que pudiera hacerse desde la economía para la coyuntura y el mediano plazo tanto en la economía internacional como en el país. El ataque al principal centro financiero del mundo -entre otros objetivos- y el consecuente estado de guerra están llamados a producir cambios en toda una serie de variables, cuya magnitud aún no puede medirse con claridad.
Hasta el martes pasado, la economía internacional estaba caracterizada por una debilidad en el crecimiento de Estados Unidos que su autoridad monetaria intentaba contrarrestar con reducciones de la tasa de interés mientras Europa no parecía capaz de ocupar el lugar de locomotora y Japón seguía sumido en su propia crisis. Argentina, tras la aprobación del acuerdo por parte del FMI parecía encaminada a un período de relativa calma y si bien estaba claro que el financiamiento obtenido no resolvía el problema de fondo del endeudamiento, las autoridades nacionales suponían que el cumplimiento estricto de la condición de déficit cero permitiría llegar a alguna forma de apoyo adicional al comprometido inicialmente para el primer trimestre del próximo año.
A pesar de una rebaja adicional en la tasa de interés y de la liquidez provista tanto por la Reserva Federal como por el Banco Central Europeo la reapertura del mercado de valores de Nueva York terminó con una baja histórica que fue acompañada por comportamientos negativos en las principales plazas. Si bien es esperable un rebote de esta situación de pánico inicial, es evidente que una situación de crisis internacional -de guerra declarada, según el gobierno de EE.UU.- no es propicia para los negocios internacionales y repercutirá negativamente sobre los mercados de capitales. Si se buscan opciones seguras, nuestro país no encabezará la lista y es probable que la situación financiera -en cuanto a las posibilidades para el primer semestre de 2002- se deteriore.
Frente a esa situación, una eventual mejora del precio del petróleo y otros commodities exportados por Argentina no alcanzaría para revertir una situación en la cual una posibilidad cierta es un menor crecimiento del PBI global.
Por el momento, intentar mayores precisiones puede resultar demasiado aventurado. Esta es una situación nueva en muchos sentidos. Es la primera agresión que Estados Unidos recibe en su suelo continental en doscientos años, el daño material y en pérdidas humanas supera lo imaginable en cualquier ficción y esto se produce en una economía completamente globalizada en lo financiero con mercados especulativos - bursátiles y cambiarios- que funcionan las veinticuatro horas y en la primera jornada han superado los intentos que se han hecho por modificar sus tendencias.
Mientras tanto, en nuestro país el Estimador Mensual Industrial que elabora el INDEC arrojó para agosto un resultado equivalente a una disminución de 5,9 por ciento con respecto a igual mes del año anterior. Esta es la peor caída interanual desde agosto de 1999 (el indicador había caído 8,5 por ciento respecto de 1998). Las previsiones más optimistas hablaban de una salida de la recesión recién durante el primer semestre de 2002, pero estas previsiones son anteriores al 11 de septiembre pasado.
La renovada caída del dólar, terminó de hacer trizas al Factor de Convergencia -o, para ser más precisos, a la rentabilidad de los exportadores- al reducirlo a valores mínimos desde que se implantó en junio. Si bien no está muy claro al momento de escribir este informe, el Ministro Cavallo habría decidido reimplantar y aumentar los reintegros a las exportaciones según el caso. La situación internacional sería la excusa que serviría para justificar cambios en un mecanismo que no funcionó debido a los graves errores que tuvo desde su concepción.