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IICE - Novedades Económicas 04-12-01
Durante la semana pasada corrió una nueva serie de versiones: se difundió, en primer lugar, que la misión del FMI que se encuentra auditando las cuentas nacionales con el fin de habilitar el ingreso de 1260 millones de dólares en diciembre, habría sugerido la conveniencia de dejar flotar el peso abandonando la convertibilidad. También se mencionó -comienza a hacerse una costumbre- el alejamiento del Ministro de Economía. Adicionalmente, se mencionaron dificultades acerca del acuerdo con los bancos para refinanciar la deuda de las provincias al 7% de interés (un fracaso en este sentido haría caer todo el acuerdo alrededor de la coparticipación). En el frente político, el gobierno perdió una nueva pulseada cuando el justicialismo decidió ungir al Senador Puerta como Presidente Provisional del Cuerpo.
Quizás como respuesta a los rumores, o a la inestabilidad política, o como resultado de operaciones conspirativas de especuladores internos o internacionales, la salida de depósitos del sistema financiero, que desde hace quince días había vuelto a ser constante, se aceleró violentamente, tomando la dimensión de una corrida. El viernes arreciaron las versiones de un feriado bancario para ayer y hoy. Sin embargo no era necesario: los bancos no abren sábado y domingo.
Ese fue el tiempo que llevó redactar y explicar los alcances del Decreto que principalmente prohibió el otorgamiento de nuevos préstamos denominados en pesos, virtualmente transformó en dólares todos los depósitos -porque al equiparar las tasas en ambas monedas, quitó todo incentivo al peso como depósito-, prohibió los retiros en efectivo superiores a $ 250 semanales y las transferencias al exterior, exceptuando el pago de operaciones de comercio exterior y la cancelación de operaciones de crédito, en este último caso con autorización expresa del B.C.R.A.
Con esta medida nuevamente el gobierno está atrás de los acontecimientos. Hace varios meses que se ha comentado la necesidad de poner una limitación al libre envío de divisas al exterior para evitar perder reservas. Una situación de emergencia también puede llevar a poner alguna restricción al retiro de depósitos a plazo. Pero afectar todos los medios de pago de la economía parece exagerado.
Con el objeto de incrementar el control de la evasión y aumentar la recaudación, se ha impuesto la obligación de abonar sueldos y salarios a través de depósitos en cajas de ahorro. Esto ha significado también un mayor negocio para los bancos. Impedir retiros de efectivo de esas cuentas, es impedir a la población disponer libremente de su salario.
Así, como consecuencia del temor, de la inexperiencia o de las previsiblemente innumerables dificultades técnicas que tendrá el sistema, se producirá una disminución de los medios de pago que impactará negativamente sobre la demanda interna, la recaudación y la solvencia del Estado para responder a sus obligaciones. De alguna manera, se ha dado un paso hacia aquello que se pretende evitar a toda costa.
Las expectativas no juegan un papel poco importante y más allá de si esta medida es o no una confiscación, es relevante la percepción que se tenga de la misma tanto en el país como en el exterior. Debe recordarse que la crisis comenzó a acelerarse a partir de junio cuando la introducción del "factor de convergencia" fue interpretada como una salida de la convertibilidad.
A propósito de lo anterior, la dolarización de los préstamos y depósitos, es decir del dinero bancario, es un paso hacia la extensión de esa medida con carácter general. Es sabido que el gobierno ha hecho saber que recurrirá a esta opción antes que permitir una alteración de la paridad cambiaria y esto es grave porque una dolarización con los valores actuales congelaría la situación de falta de competitividad que actualmente padece la actividad productiva local y eliminaría definitivamente cualquier posibilidad de llevar adelante política monetaria activa. Aunque se elimine el riesgo de devaluación no se eliminaría el problema central, que es de insolvencia y para conseguir los medios de pago para cerrar esa brecha entre ingresos y gastos sería necesaria una mayor recesión.