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IICE - Novedades Económicas 05-02-02
Durante la semana pasada comenzó a trascender la posibilidad de disponer la inmediata flotación del peso frente al dólar, lo que alimentó una corrida del público hacia la compra de divisa, llevando la cotización a 2,10 pesos por dólar. Debe recordarse que el Banco Central intervino en el mercado a fin de moderar las cotizaciones, realizando ventas a valores que permitieron realizar arbitrajes, dado que el precio de compra de algunas entidades era superior al precio de venta de aquellas que habían adquirido dólares en la institución mencionada, con el compromiso de volcarlas al mercado con un spread de 0,05. Especialmente durante jueves y viernes, la corrida hacia el dólar tomó la dimensión de una verdadera psicosis colectiva que se vio exacerbada al conocerse el fallo de la Corte Suprema que declara inconstitucional la indisponibilidad de los depósitos en un caso particular, sentando jurisprudencia para cualquier reclamo futuro.
El fallo aludido golpeó al gobierno y obligó a postergar un día los anuncios económicos a fin de analizar las posibles repercusiones sobre el mismo y finalmente las medidas se anunciaron el domingo, viendo la luz a través del Decreto Nº 214 publicado en el Boletín Oficial de ayer.
Los aspectos salientes de las nuevas medidas son los siguientes:
Flotación del peso: El comercio exterior se regirá por un tipo de cambio libre, desapareciendo el dólar oficial a 1,40. Como sucede en prácticamente todos los mercados de este tipo, la autoridad monetaria intervendrá para contener oscilaciones violentas. La regla de intervención no se dará a conocer, es decir, no se declara oficialmente que paridad se sostendrá o a partir de qué valores se dará la intervención.
Las operaciones financieras y pagos al exterior seguirán requiriendo autorización del Banco Central. Se ha aclarado que la liberación total del mercado cambiario se producirá luego de contar con apoyo de organismos financieros multilaterales.
Todas las deudas y contratos privados expresados en dólares se convierten a pesos a la paridad 1 a 1. La tasa de interés de los créditos afectados por esta medida estará regulada.
Todos los depósitos en dólares se convierten a pesos a la paridad 1,40. Se mantiene el cronograma de devolución y el capital se ajustará mediante un índice –Coeficiente de Estabilización de Referencia- que será difundido por el Banco Central. La tasa que se pagará a los ahorristas también estará regulada (habrá una tasa mínima).
Los nuevos depósitos y créditos no se actualizarán ni tendrán tasa regulada.
Se compensará a los Bancos por el descalce que surge entre créditos y depósitos mediante la emisión de un Bono con cargo a Tesorería.
De este modo, el lobby de las grandes empresas, que cuenta con representación propia en el elenco gubernamental, logró su hipótesis de máxima: sus deudas fueron pesificadas uno a uno. Licuar los pasivos del sector productivo en una situación de recesión es, en principio, una buena noticia. La lamentable contracara es que el costo de tal licuación es asumido en gran medida por toda la sociedad a través del bono con que se compensará al sistema financiero. Pero como lo había anunciado el Presidente Duhalde, “no todos quedarán contentos con las nuevas medidas”.
Desde un punto de vista técnico, la flotación cambiaria es razonable: nuestra experiencia pasada y otros casos en el resto del mundo indican que el intento de sostener una paridad siempre finaliza con una sangría de reservas que no logra su objetivo. El desdoblamiento cambiario genera profusión de prácticas ilegales que atentan contra la disposición de las divisas que en definitiva, en estas situaciones constituyen un insumo estratégico.
La cuestión central es cuál será la reacción de una sociedad como la argentina, con memoria hiperinflacionaria, habituada a la operatoria en moneda extranjera y proclive en lo individual a comportamientos antisociales. Es previsible un aumento inicial muy fuerte en la cotización del dólar que luego debiera moderarse si no es convalidado por un incremento de igual magnitud de los precios internos. Dadas la recesión y desocupación reinantes en nuestra economía los aumentos de precios debieran moderarse, pero nuestra realidad ha golpeado muchas veces a las teorías económicas como para no ser cautos en este sentido.
Teniendo en cuenta lo antedicho cabe preguntarse si no hubiera sido necesario mantener un tipo de cambio diferencial para insumos críticos tanto desde el punto de vista de la producción como de la sociedad (medicamentos, etc).
Para terminar, cabe destacar que no asistimos a un plan económico integral sino a un plan financiero-cambiario de corto plazo. Está claro que lo primero es sortear la situación impuesta por la indisponibilidad de los depósitos y la salida de la convertibilidad, pero persiste la urgente necesidad de alentar la actividad productiva.
Para producir, lo primero es contar con demanda. Las exportaciones tienen un horizonte auspicioso pero constituyen el 10 por ciento del PBI, por lo que es necesario alentar simultáneamente la demanda interna. Si los fondos que se van liberando del sistema van a demandar dólares, ese efecto no se producirá por lo que sería necesario transferir recursos a aquellos sectores que no tienen posibilidades de ahorro a través de planes sociales. Otra posibilidad, complementaria de la anterior es recurrir al keynesianismo clásico y llevar a cabo obras de infraestructura.
Lograda la demanda, queda otro factor: el crédito. Si los nuevos contratos a realizarse en moneda doméstica tienen tasa libre, es previsible una tasa fuertemente positiva que puede ahogar cualquier intento reactivador, con lo cual deberían tener un papel preponderante mecanismos e instituciones financieras públicas con objetivos precisos.
Estas son cuestiones que no están explicitadas todavía y que sería necesario definir en un segundo paquete de medidas, pero hay que decir que difícilmente cuenten con la aprobación y el aplauso que hasta ahora se ha recibido de organismos internacionales y gobiernos extranjeros.