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IICE - Novedades Económicas 26-03-02
El tema excluyente del momento es la escalada en la cotización del dólar que llegó a superar los cuatro pesos por unidad. La aceleración de esta tendencia se había iniciado la semana pasada ante las crecientes dudas alrededor de las posibilidades de recibir asistencia del exterior, reforzadas por declaraciones poco favorables de funcionarios del Fondo Monetario Internacional y del gobierno de Estados Unidos.
Frente a la escalada del dólar había dos posibilidades: la primera es asumir que obedeciendo la misma a comportamientos especulativos debe auto disciplinarse, es decir el mercado debe encontrar su propio techo –aunque sea en un valor absurdo- para que luego, vía toma de ganancias especulativas descienda a una paridad de equilibrio real. Según comentarios periodísticos esta era o es la alternativa preferida por el FMI. Sin embargo tiene el costo de que este proceso de espiralización y posterior baja si se prolonga demasiado podría arrastrar en el camino cualquier vestigio de actividad económica. La otra posibilidad es la intervención del gobierno, a través del Banco Central, que es la política se aplica mayoritariamente en todo el mundo, ya sea a través de la intervención directa mediante la compra y venta de divisas o regulando la tasa de interés doméstica a través de toda una serie de mecanismos que permiten expandir o contraer la oferta de dinero.
En nuestro caso particular, con el sistema financiero semi destruido como consecuencia de la indisponibilidad de los depósitos y con el default de la deuda pública declarado y efectivo, la única alternativa seria es la utilización de reservas. Esto es lo que ha hecho el Banco Central, pero de manera gradual y tímida, con lo cual ha invertido más de 800 millones de dólares de reservas a lo largo del último mes, sin lograr resultados. Para que esta intervención sea efectiva, debiera ser masiva –hay reservas suficientes como para hacerlo- y debiera estar claro que hay una meta monetaria a cumplir por parte de las autoridades. En lugar de esto, el Central sigue enredándose en una maraña de circulares con reformas y contrarreformas y medidas estrafalarias como cambiar el horario de las casas de cambio u ofrecer la posibilidad de plazos fijos indexados en base al dólar con lo cual se convalida una dolarización de hecho.
Es evidente que en el medio de esta crisis es difícil establecer criterios para orientar una reanimación de la actividad productiva, pero también es cierto que una de las dificultades puede haber estado, justamente, en no tener ningún tipo de plan y esto se ha ido haciendo patente con el paso del tiempo.
Mientras tanto, la ausencia de cualquier posibilidad de crédito está impidiendo que los sectores que a partir de la devaluación tienen expectativas de exportar directamente o abastecer a empresas exportadoras vean frustrada esta alternativa. Una desvalorización de la moneda tiene en teoría efectos positivos y negativos sobre una economía pero lamentablemente sólo estamos percibiendo estos últimos.