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- Novedades Económicas - 30-07-02
Las turbulencias
que están padeciendo las economías de la región, especialmente Uruguay
y Brasil hacen que la situación argentina aparezca como relativamente
calma. En efecto, mientras en Brasil el valor del dólar está reflejando
una fuerte alza –casi diez por ciento en una semana- y el riesgo país
pasó de 1550 a 2164 puntos en pocos días, nuestro mercado cambiario
ha mostrado una relativa estabilidad, o por lo menos se ha reducido
la tendencia de aumento del valor de la divisa como puede apreciarse
fácilmente en el gráfico correspondiente. Pero pretender que el país
vecino se encamina a una crisis que será una copia de la Argentina es
propio del reduccionismo neoliberal que sólo ve el costado monetario
y financiero de una economía.
La crisis
argentina estalla ante la imposibilidad de seguir afrontando crecientes
pagos de endeudamiento externo por una economía que había elegido el
ajuste permanente como intento de generar excedentes para afrontar esos
pagos. En un marco donde durante diez años lo financiero privó por sobre
la economía real se prefirió incautar los depósitos del sistema antes
que permitir la quiebra de un banco que afectaría la ecuación de la
convertibilidad: una economía donde no importaba producir nada ya que
el mundo nos financiaba el consumo de su producción, ingresada al amparo
de un tipo de cambio que hacía inviable casi cualquier industria local.
Obviamente no se mostró la misma preocupación por las decenas de miles
de empresas que desaparecieron bajo esta lógica.
Brasil
enfrenta también una crisis que tiene entre sus causas el endeudamiento:
durante el primer trimestre del año venidero tiene importantes vencimientos
que deben ser refinanciados. Simultáneamente enfrenta un proceso electoral
que provoca inquietud por la posibilidad de triunfo de un candidato
no tan “pro sistema”. Todo esto en el marco de una economía internacional
afectada por los escándalos bursátiles en Estados Unidos que incluso
hicieron caer el dólar frente al euro. Es sabido que en toda situación
de inestabilidad se produce entre los inversores lo que se conoce como
“fuga hacia la calidad” por lo cual los mismos se desprenden de activos
más riesgosos, entre los cuales se cuentan obviamente los títulos de
deuda de los países en desarrollo.
A pesar
de estas similitudes Brasil, a diferencia de la Argentina, no
destruyó su industria mediante una apertura pueril, no fijo su tipo
de cambio ni promovió la masiva apertura y utilización de cuentas a
la vista en dólares, que llevan a la paradoja de que se de un mecanismo
de creación secundaria de dólares en el sistema financiero. Mucho menos
alentó un alineamiento automático con las pretensiones de Estados Unidos
y su firme posición –que nuestro país acompañó a regañadientes- permitió
postergar las aspiraciones norteamericanas de adelantar la vigencia
del ALCA. No puede predecirse que en base a estas políticas Brasil superará
sus dificultades con más facilidad que la Argentina. Ni siquiera puede
afirmarse que su economía no entre también en default, pero llegado
el caso, comenzará su reconstrucción desde una base industrial con la
que no contamos y sobre todo, con una orientación pro productiva de
sus políticas económicas que es independiente del gobierno de turno
y que se traduce en gestos de dignidad como el que acaba de tener el
presidente Cardoso al convocar a la embajadora estadounidense y reclamar
la retractación de las declaraciones extemporáneas del Secretario O’Neill.
Se podrá decir que son sólo gestos y como tales inútiles, pero entendemos
que contribuyen a sostener un sentido de nación que de este lado de
la frontera se ha perdido hace rato.
Como un
ejemplo de lo antedicho, baste destacar que la noticia que sacudió los
mercados la semana pasada fue la compra de la principal petrolera nacional
–Pecom Energía- por parte de Petrobras, una empresa pública brasileña,
que en lugar de ser oportunamente privatizada como nuestra YPF, se abrió
al capital privado mediante participación accionaria.
Volviendo
al mercado local, se conocieron las principales líneas de opinión de
los “notables” enviados por el FMI a modo de “mediadores”. Obviamente
los notables quieren que se detenga la caída de reservas –que llegó
a perforar el piso psicológico de los 9.000 millones para recuperarse
levemente- y esto obedece a que las mismas deben utilizarse para reanudar
los pagos al exterior en cuanto se logre algún tipo de acuerdo. Por
eso también, insisten en que debe frenarse la salida de fondos indisponibles
por vía judicial, algo en lo que el gobierno no termina de tener éxito.
Sin embargo, y en línea con el Ministro Lavagna, se oponen al canje
compulsivo por bonos porque esto deterioraría (aún más?) la confianza
en el sistema financiero. Debe apuntalarse el resultado fiscal. En este
momento hay superávit porque no se está pagando la deuda, pero como
urge volver a hacerlo, los expertos recomiendan ajustar de todos modos.
Afortunadamente, su carácter de expertos en política monetaria, los
ha traicionado y se han pronunciado en contra de la dolarización, que
justamente equivale a la negación de cualquier posibilidad presente
o futura de llevar adelante ese tipo de políticas. También han manifestado
preocupación por el proceso inflacionario, sobre todo teniendo en cuenta
que deben “respetarse los contratos” y permitir el aumento de tarifas
de servicios públicos. La única variable que dejan libre estas recomendaciones
es el tipo de cambio por lo cual puede esperarse que el “dólar caro”
permanezca como una característica de los tiempos por venir. En el afán
de evitar una hiperinflación –por eso mantener el corralito y no emitir
bonos provinciales- puede esperarse también un ajuste adicional
en sectores no vinculados a la exportación.
Para terminar,
algunos de los datos sobre desocupación que difundió el INDEC: la desocupación
alcanza al 21,5 por ciento de la Población Económicamente Activa. Este
valor es récord histórico absoluto. Si sumamos las distintas variantes
de subocupación, el 40% de la población activa tiene problemas de trabajo;
se trata de 6,2 millones de personas. Otro indicador preocupante es
la tasa de empleo, que mide la relación entre Población ocupada y Población
total y da una idea de la capacidad de generar puestos de trabajo de
la economía la que también ha experimentado una caída importante (diez
por ciento). Desde ya que estos datos no podían sorprender a nadie,
pero lo que sí sorprende e indigna es que desde el neoliberalismo se
acuse a los que denominan “pesificadores y devaluadores” de estos resultados,
cuando está claro que el empleo empezó a perderse mientras se festejaban
los primeros resultados de la convertibilidad. Poco consuelo resulta
que sectores como el nuestro hayan advertido y denunciado esa política
hace una década.