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MAYO
2004
ESTIMADOR
MENSUAL INDUSTRIAL (EMI) - Datos de Enero 2004
Variación
Porcentual
Respecto
al mes anterior
Respecto
a igual mes del año anterior
Acumulado
de 2003 respecto a igual período del año anterior
con
estacionalidad
desestacionalizado
con
estacionalidad
desestacionalizado
12,4
1,3
15,7
15,5
14,1
Actividad
El
nivel de actividad económica sigue mostrando una firme tendencia
al alza. Según estimaciones del Banco Central, durante el primer
trimestre del año el PBI creció a una tasa anual equivalente
de 10 por ciento. La actividad industrial registró durante el mismo
período un incremento del 14 por ciento respecto a igual periodo
de 2003. Debe tenerse en cuenta que a esta altura, las mediciones no se
están realizando sobre valores deprimidos propios de la crisis
como se alegaba hace un año cuando la economía argentina
comenzaba a mostrar una recuperación sorprendente.
Ante
la recuperación del sector lácteo, que el año pasado
había experimentado resultados negativos, todos los bloques industriales
están registrando crecimiento. Luego de la baja estacional de enero
y febrero que apuntamos en nuestro informe anterior, la utilización
de la capacidad instalada volvió a recuperarse alcanzando el 70,4
por ciento de utilización en marzo, constituyendo un récord
desde el estallido de la crisis.
Al analizar la utilización de capacidad por bloque, puede apreciarse
que algunos sectores están cerca de alcanzar la plena utilización:
es el caso de la industria Metálica Básica, la Refinación
de Petróleo y Papel y Cartón. Asimismo, puede observarse
cómo fueron los sectores que más se vieron favorecidos por
la devaluación al permitirles sustituir importaciones, los que
experimentaron la evolución más fuerte en cuanto al
uso
del capital fijo.
Un
caso particular es la industria automotriz, que está todavía
un muy baja utilización, aunque su producción se está
incrementando en los últimos meses, al punto que es éste
el sector que lidera la estadística de variación interanual
para el primer trimestre, con valores de actividad superiores en 53 por
ciento a los de 2003. Detrás del sector automotriz, se sitúa
la industria editorial y prácticamente empatando el tercer lugar,
Agroquímicos y Materiales de Construcción.
Como
por el momento persisten las condiciones que ayudaron a este crecimiento
(ausencia de restricción externa por la suspensión de los
pagos al exterior, estabilidad de precios, un tipo de cambio más
adecuado a la realidad y tasas de interés en baja) es de esperar
que este comportamiento se mantenga, con la única restricción
que impone -como se señaló antes- alcanzar el límite
de la capacidad instalada. Es por ello que las expectativas se sitúan
en un crecimiento económico del 8 por ciento para 2004.
Hablar
de capacidad instalada trae a colación referirnos a la inversión.
Esta variable creció 38 por ciento durante 2003 y podría
aumentar un 30 por ciento adicional durante 2004, pero dado que durante
varios años -la demanda comenzó a caer en 1998- no se realizaron
inversiones, estas cifras estarían reflejando una recomposición
del stock de capital y no su aumento en términos de capacidad productiva.
A juzgar por la situación del sistema financiero, donde la demanda
de préstamos no se ha movido, todavía no hay un proceso
sostenido de inversión que seguramente necesitará de políticas
activas adicionales.
Precios
La
inflación, que durante el primer trimestre del año había
experimentado un aumento de 1,1 por ciento, registró en abril un
incremento de 0,9 por ciento. Está claro que la salida del tipo
de cambio fijo en un marco de aguda recesión llevó a que
muchos precios relativos no tuvieran posibilidades de reacomodarse y es
esperable una tendencia hacia una inflación más alta. Más
allá de las tarifas congeladas, debe tenerse en cuenta la vigencia
de salarios retrasados, márgenes de comercialización que
se vieron reducidos y aumentos en los costos de insumos difundidos que
en muchos casos no pudieron ser trasladados a precios por los sectores
productivos. La inflación prevista para todo el año es de
7 por ciento, de modo que los resultados obtenidos hasta el momento están
dentro de márgenes aceptables.
Los
precios mayoristas siguen a grandes rasgos las tendencias en las que se
estabilizaron alrededor de mediados de 2003. Toda vez que los precios
de las manufacturas nacionales evolucionan por debajo de los productos
importados, están reflejando una mayor competitividad en el mercado
interno, pero en los últimos meses, esta brecha ha comenzado a
reducirse nuevamente por dos vías, dólar en baja que reduce
el costo de mercaderías importadas y leves aumentos en la producción
local que obedecen a los reacomodamientos descriptos. Los mayores costos
energéticos pueden reforzar esta tendencia.
Sistema
Financiero
El
nivel de Reservas Internacionales del Banco Central continúa estable
alrededor de los 15.000 millones de dólares, en un contexto de
dólar y tasas de interés en leve baja. La abundancia de
divisas originada por exportaciones crecientes y pagos al exterior reducidos
(debido al default) genera esta presión a la baja que el BCRA contiene
mediante operaciones de mercado abierto. Algunos sectores reclaman que
la política monetaria en este sentido debiera ser un poco más
agresiva en el sentido de evitar bajas adicionales del dólar que
afecten la competitividad de la producción local, pero las autoridades
monetarias parecen temerosas de convalidar un aumento de los medios de
pago que en el futuro pueda traducirse en una presión inflacionaria
adicional.
Las
tasas de interés continúan en tendencia decreciente y se
observa cierta reactivación del crédito pero sólo
dirigido a financiar consumo y compra de viviendas.
Sector
Externo
El
aspecto más característico de la evolución reciente,
es el importante incremento de las importaciones, que llegó al
80 por ciento. Este fenómeno es una consecuencia directa del crecimiento
y del reacomodamiento en cuanto a precios y márgenes de ganancia
de la producción importada con posterioridad al golpe que significó
la violenta devaluación del peso. La estructura productiva sobreviviente
a los noventa es una estructura mucho más dependiente de insumos
importados, por lo que esta etapa de sustitución de importaciones
tiene un techo más bajo que el de anteriores experiencias. Resulta
fundamental por ello, promover el impulso a las exportaciones industriales
que todavía no han mostrado una reacción acorde a lo esperado
con la mejora de los precios relativos.
Se
espera que las importaciones terminen creciendo en todo el año
alrededor de un 40 por ciento, mientras que las exportaciones crecerían
alrededor del 11 por ciento, con lo cual, de todos modos se obtendrá
un importante superávit comercial.
Por
otra parte hay esperanzas fundadas en la evolución de la economía
brasileña, que comienza a mostrar un mayor nivel de actividad.
Si esa tendencia se consolida, podría impulsar las exportaciones
industriales -prácticamente la mitad del valor exportado en tal
concepto se dirige a ese mercado- y morigerar la tendencia al déficit
que desde hace nueve meses consecutivos muestra el comercio bilateral.
En
resumen, la situación productiva sigue mostrando una tendencia
creciente y estable. Hay algunos interrogantes que deben resolverse y
que tienen un carácter definitivo en su influencia sobre la evolución
futura: Principalmente, la forma en que se resuelva la renegociación
de la deuda externa porque significará una restricción fiscal
e influirá sobre la política monetaria y cambiaria. También
es importante la influencia que pueda tener la escasez de energía,
no en cuanto signifique un freno al crecimiento porque en ese sentido
sus efectos no serían tan importantes pero sí en cuanto
a que ese crecimiento se haga asociado a una mayor inflación derivada
del incremento de costos que significa sustituir el suministro por fuentes
alternativas.